Consecuencias de la teoría de Darwin

Los resultados de la teoría de la evolución darviniana fueron dramáticos. Tanto el ateísmo como el secularismo se hicieron inmensamente populares. En una famosa declaración de Richard

Dawkins, uno de los más ardientes defensores modernos de Darwin y del ateísmo: “Darwin hizo posible que pudiéramos convertirnos en ateos intelectualmente satisfechos” (The Blind Watchmaker [“El relojero ciego”], 1986, p. 6).

Así, el materialismo científico se esparció como reguero de pólvora.                                                                                                                                                                                                                           Herbert_Spencer

En agradecimiento a Darwin, Carlos Marx, padre del comunismo, le envió su libro más importante sobre la teoría comunista, Das Kapital y le escribió lo siguiente a su colega comunista Friedrich Engels: “Aunque escrito en el burdo estilo inglés, en el campo de la historia natural este libro [El origen de las especies] establece los cimientos para nuestras perspectivas”. A otro colega le dijo que el trabajo de Darwin “conviene a mis propósitos, ya que provee las bases de la historia natural que explican la histórica lucha de clases” (Browne, ob. cit., p. 188).

Con el tiempo, este respaldo evolucionista ayudó a configurar el marco filosófico de los flagelos del comunismo y del ateísmo en Rusia, China y en muchas otras naciones. Mientras más terreno ganaban las ideas de Darwin, más se ponían en tela de juicio los principios morales absolutos. Si no hay un Creador, entonces todo es lícito. Si no existe un Creador, entonces no hay que temer las consecuencias. Si no hay mayor autoridad que la de uno mismo, quiere decir que las teorías sobre la supervivencia del más apto son válidas y que respaldan la idea de que uno puede tener éxito aplicando la ley de la selva, según la cual sólo los más fuertes deben sobrevivir.

Para coronar su hipótesis, en 1871 Darwin escribió Descent of Man (“El descenso del hombre”), donde describe el origen del hombre a partir de los simios. Este libro está colmado de especulaciones infundadas y aun de afirmaciones racistas, incluso una sobre la supremacía blanca (según ella, en la cadena de evolución progresiva los blancos son considerados más alejados de los simios que los negros).

Más tarde, en la segunda guerra mundial Adolfo Hitler se valió de algunas de estas ideas, llamadas "darvinismo social", para erradicar a millones de judíos y otros grupos que él consideraba como racialmente inferiores. Hitler dijo: “La naturaleza es cruel, por lo tanto, nosotros también podemos ser crueles . . . ¡Yo tengo todo el derecho a eliminar a millones de seres de una raza inferior que se multiplican como sabandijas! . . . Los instintos naturales ordenan que los seres vivos no sólo conquisten a sus enemigos, sino que además los destruyan” (citado por Hermann Rauschning en The Voice of Destruction [“La voz de la destrucción”], 1940, pp. 137-138.

En efecto, Hitler pudo afirmar que estaba aplicando la teoría de la evolución y sólo estaba acelerando el inevitable final de los más débiles. Según él, esto era necesario para darle espacio a una raza superior y mejor dotada. Los postulados de Darwin le dieron lo que él consideró la validación científica y moral de sus torcidas ideas, y debido principalmente a esas torcidas ideas, murieron alrededor de 65 millones de personas en la segunda guerra mundial.-

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