Diferencias entre primates y humanos


¿Qué nos hace a los seres

 humanos diferentes de nuestros primos, los grandes simios?


Los humanos estamos separados por los chimpancés en sólo un 2% de nuestro ADN.  Ese 2% genera diferencias pronunciadamente enormes.

Hablamos y escribimos (en cientos de lenguajes diferentes), construimos sociedades, conceptos abstractos, matemáticos, físicos, químicos, psicológicos, filosóficos, estéticos, éticos y morales;construimos y desarrollamos complejas maquinarias, etc, etc.


Hay varias características biológicas que nos hacen diferentes de nuestros parientes simiescos. A continuación mencionaremos cinco de estas. Tengamos presente que cada una de estas características juegan un papel importante en nuestra condición de  “ humanos” .  


1. Retención de la tasa fetal de crecimiento neuronal durante la primera infancia. Si podemos mencionar una característica que nos diferencie del resto de los animales, es la retención de la tasa de crecimiento neural después del nacimiento. Ésta es probablemente la innovación que nos hace humanos. Esta característica nos da la inteligencia y, de acuerdo con algunos científicos, nos da nuestra la cultura. El cerebro de los grandes simios (orangutanes, gorilas y chimpancés) crecen rápidamente antes del parto, pero después del nacimiento su tasa de crecimiento se hace lenta. Los humanos en cambio, tenemos un crecimiento del cerebro aún hasta los dos años de edad. Durante nuestro temprano desarrollo postnatal, añadimos aproximadamente 250.000 neuronas por minuto. En el momento de nacer la proporción entre el peso del cerebro y el peso del cuerpo es similar para los grandes simios y los humanos. No obstante, al llegar a la  adultez, la proporción peso del cuerpo/ peso del cerebro ha cambiado a 3.5 veces  en los humanos respecto a los simios. A nivel celular, encontramos que no menos de 30,000 sinapsis se forman por segundo, en cada centímetro cuadrado en el córtex cerebral durante los cinco primeros años de vida.

Científicos como Stephen Jay Gould han afirmado que nosotros somos esencialmente fetos extrauterinos por los primeros cinco años de nuestra vida. Nuestra gestación actual sería de 21 meses si siguiéramos el patrón de maduración de los simios. El valor selectivo de la infancia podría ser el de mejorar el éxito de supervivencia de los niños cuando llegasen a la madurez. Esto podría explicar porque los humanos tienen un largo desarrollo y una baja fertilidad (comparada con los otros mamíferos) pero aún así tenemos el éxito reproductivo más grande de todos los primates. Estas son algunas de las supociciones al respecto.


2. El pulgar oponible, agarra fuertemente, y agarra con precisión. Como mencionábamos al comienzo de este ensayo, la capacidad de oponer el pulgar es una característica de los primates. Sin embargo, la oposición es más efectiva en la mano humana, por la gran longitud del pulgar humano.

La mano humana es única en la habilidad de manipular herramientas. Aún, mientras que el uso de herramientas está ampliamente documentado en otros primates, la combinación de mano y cerebro han hecho del uso de la herramienta humana casi sinónimo con “ser humano”. Para la elaboración de herramientas es necesario el agarre fuerte y el agarre preciso. Ambas características las podemos observar en el pulgar humano. El agarre fuerte es usado cuando sostenemos un martillo. El agarre con precisión es usado al agarrar una aguja.  La relativa brevedad del pulgar de los simios interfiere con la oposición a la punta de los otros dedos en la precisión del agarre.

La presencia del agarre fuerte y el agarre preciso, junto con nuestros grandes cerebros, suponemos que hizo posible la creación de herramientas, desde las primitivas hachas de piedra a los ordenadores del presente.



3. Caminamos erectos. Nuestra forma de desplazamiento bípeda cambió la forma de nuestros huesos pélvicos y nuestras piernas. La pelvis humana es totalmente más corta, amplia y profunda que la de los otros primates y mamíferos en general. El hueso de la pierna, el fémur forma un ángulo cerrado con la articulación de la rodilla. El dedo gordo del pie no puede oponerse, está alineado a los demás, lo cual es una adaptación a la marcha bípeda.

Estas adaptaciones al bipedalismo tienen un costo, los cambios que han permitido el bipedalismo dificultan el parto en los humanos. La estrecha cintura y la pelvis estrecha, combinada con la reposición del sacro, estrechan significativamente el canal del parto. Sin embargo, la postura bípeda permite tener las manos libres para el cuidado de las crías, la recolección del alimento, y la fabricación de herramientas.


4. Perdida relativa de pelaje. Nosotros somos “El mono desnudo”.(suponiéndo de que lo éramos). Dado que el pelaje es usado como aislante que permite mantener caliente el cuerpo. La reducción de pelo, la adición de grasa subcutánea, y los cambios en las glándulas sudoríparas podrían estar relacionadas con una termorregulación más eficiente que capacite a los humanos a mantener altos niveles de actividad por periodos más largos de tiempo sin sobrecalentarse. No sabemos exactamente que especie ancestral perdió el pelaje, dado que solamente tenemos fósiles de la parte dura de nuestra anatomía: El esqueleto.


5. Características sexuales secundarias exageradas. Nuestras características sexuales secundarias son muy exageradas si las comparamos con las de los otros primates. El pene humano es más largo que el de otros primates (esto incluye que es más largo que el del gorila o el orangután.) Es posible que el bipedalismo halla contribuido a este cambio, haciendo que el órgano masculino pudiese alcanzar la vagina de la hembra.También es de interés que este gran órgano reproductivo carece de algo que casi todos los otros machos primates (y todos los machos simios) tienen –un hueso peniano-. Este hueso a veces es llamado el os penis o báculo. El macho humano usa un sistema hidráulico de erección del tejido eréctil antes que tener un soporte interno de un hueso.


Las hembras humanas se caracterizan por sus pechos engrandados, su copioso flujo menstrual, la menopausia, y por no tener una estación especial de ovulación. La  ovulación en las hembras humanas no sólo está oculta a los machos (a diferencia de los otros primates donde la ovulación se advierte por cambios físicos y de comportamiento en las hembras) sino también a las otras hembras. Es probable que estos cambios fuesen una adaptación al establecimiento de la monogamia.


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