Lo que la selección natural puede y no puede hacer

En primer lugar, es importante distinguir entre lo que Darwin descubrió y lo que no logró descubrir. Averiguó que la selección natural es capaz de preservar los cambios ventajosos en una especie, pero no descubrió el mecanismo que da origen a estas variaciones.

En El origen de las especies Darwin comentó: “La selección natural actúa exclusivamente por la preservación y acumulación de variaciones, las cuales son beneficiosas bajo las condiciones orgánicas e inorgánicas a las que está expuesta cada criatura en todas las etapas de su vida. El resultado final es que cada criatura tiende a mejorar progresivamente en relación con su condición . . . Este principio de preservación, o la supervivencia del más apto, lo he denominado Selección Natural” (pp. 124, 130).

Sin embargo, ¡hay un largo trecho entre la simple explicación de cómo sobreviven las especies y cómo se originaron! Como explica el bioquímico y agnóstico Michael Denton: “Lo cierto es que hace 100 años las pruebas eran tan fragmentarias que el mismo Darwin albergaba cada vez más dudas sobre la validez de sus postulados, y el único aspecto de su teoría que ha gozado de cierto respaldo durante el siglo pasado es el que se refiere al fenómeno de la microevolución.

”Su teoría en general, en que toda la vida en la tierra se había originado y desarrollado po

r una acumulación gradual y sucesiva de mutaciones fortuitas, es todavía, al igual que en la época de Darwin, una hipótesis sumamente especulativa que carece en absoluto del apoyo directo de los hechos y que dista mucho de ser el irrefutable axioma que sus defensores más agresivos quieren hacernos creer” (Evolution: A Theory in Crisis [“La evolución: Una teoría en crisis”], 1985, p. 77.

No existen pruebas directas

En realidad, muy pocos han leído El origen de las especies de principio a fin; y de hecho, para muchos es un libro muy tedioso. El mismo Darwin se refirió a él como “un larguísimo argumento” (p. 435).

Darwin fue un naturalista concienzudo y en un intento por convencer a sus lectores de sus suposiciones, llenó el libro con numerosas observaciones del mundo natural. No obstante, él mismo confesó en su libro que no tenía ninguna prueba directa a favor de su teoría, sólo analogías y posibles ejemplos derivados de la naturaleza.

En la introducción de su libro menciona lo siguiente: “Estoy muy consciente de que difícilmente se puede discutir un solo punto en este tomo en el que no se puedan aducir hechos que a menudo llevan a conclusiones diametralmente opuestas a las mías” (p. 28).

En otro momento de franqueza, Darwin reconoció ante un amigo: “Yo no pretendo presentar pruebas directas de la transformación de una especie en otra” (carta a F.W. Hutton, 20 de abril de 1861).

En su libro reconoce: “Si mi teoría es cierta, con toda seguridad deben haber existido incontables variedades intermedias que vinculen estrechamente todas las especies del mismo grupo; pero como se ha comentado una y otra vez, el proceso mismo de la selección natural tiende constantemente al exterminio de los progenitores y de los eslabones intermedios. Como consecuencia, la prueba de su existencia anterior sólo podría encontrarse entre los restos fósiles, que se preservan, como mostraremos en un capítulo posterior, en un registro extremadamente imperfecto e intermitente” (p. 166).

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